martes 22 de diciembre de 2009

Comunicación.



Cuando la luz del sol se deshace en formas imposibles y nosotros, rebuscamos entre cada matiz los recuerdos que no existen para otros. Cuando nos transcribimos en versos que se niegan a ser poesía, que se rinden y se dejan volver prosa. Cada vez que me olvido de olvidarme de tu olor, neutro y cambiante, cada vez que tu te empeñas en no irte para volver a decidir no regresar. Cuando las palabras son abejas, y pican, y mueren y yacen en el suelo amontonadas, para que otro las pise o las recoja. Cada vez que rozo el tacto de tu cuerpo con el hipocampo. Cada vez que vienes para ser mi lección de física, de matemáticas y de álgebra de frases imposibles. Cada vez que descubrimos que un jeroglífico es lo que se crea a partir de la comunicación imperceptible para otros, pero con el mayor sentido del mundo para nosotros. Cuando te araño al final de una taza con algo dulce, cuando me quedas en la punta de la lengua y ya no hay más.

Siempre, siempre que pasa, que un momento así se huele en el aire, se amontona en mi cabeza, como un sombrero de alborotadas palomas, entonces, sonrío y encuentro mi móvil en la mano, con tu numero marcado y los dedos atados con un cordel.

Y lo mejor es que cuando eso pasa, al final de ese cordel, hay una fina linea, una fina linea divisoria entre el bien y nuestro mal. La misma linea que hemos cruzado tanto juntos y que se convierte en algo mucho más poderoso que un cable telefónico que me lleve a tu voz.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Transparente, Clara.

No se mirarte de otra forma ni volverme distinta. Ahora solo me quieren por lo que soy. Solo por eso. Todo por eso

martes 15 de diciembre de 2009

Simple.


Me olvidarás, y nada volverá a ser lo mismo.
De aquí unos años no recordarás mi nombre.
No darás una moneda a ese chico que pide en la calle para ir a la Luna.
No te darás cuenta del tiempo.
Y nos volveremos eso, nada.

Voy a morir un poco cada día por ti, por la muerte de nosotros.

Porque en esto del amor todos somos ateos y no creemos en la reencarnación o una vida post mortem.




viernes 11 de diciembre de 2009

Nadie tapa el sol con un dedo.


Las distancias y tamaños son muy subjetivas. Así, cada vez que alguien quiere medir algo objetivamente, puede acabar cerrando un ojo y tapando la luna o el sol con un solo dedo, cogiendo un coche con una mano o a una persona que camina por la acera de enfrente. El problema es que esta irrealidad subjetiva que utilizamos para medir e incluso coger, la utilizamos también para interpretar e interpretarnos. Nada más lejos de la realidad, nadie es objetivo ni conoce el tamaño de las intenciones, la verdad, el bien o el mal. Nadie.


viernes 4 de diciembre de 2009

Mi puente descolgado.

Y a ritmo de Glucosa subiendo, ánimo reconstituido, estómagos que se tranquilizan y se tensan por la emoción, me marcho a la ciudad del rock. Bilbao me espera para más de un exceso, de esos que luego no pasan factura, que solo son y te hacen sentir que el tiempo corre, pero tu eres mucho más rápido.




jueves 3 de diciembre de 2009

Sin el corazón en un puño.


Nos enzarzamos en un baile de palabras cargadas generosamente de pólvora irónica. Tu me riegas a mi, y yo me escurro de tus ideas como una contorsionista alfabética. Ahora es mucho más divertido. Ahora que tengo el control del azar, que ya no confío en un quizá o un puede. Ahora escribiré mis letras despacio, enseñaré y seré enseñada, me teñiré de acordes mayores y quizá te recuerde en alguna letra de canción.
Sigue jugando conmigo, sigamos con nuestro particular duelo de titanes, ahora que ya no duele, ahora que te quiero de otro modo, aunque nunca deje de quererte.




martes 1 de diciembre de 2009

léeme.


La sensación de terminar un libró que te encantó. Satisfacción por haber leído tantas páginas repletas de historias difíciles de inventar, melancolía por pensar que nunca más lo leerás por primera vez y vivirás del mismo modo el texto y cada una de sus palabras. Aún así, a veces hay que cerrar la tapa, coger un libro nuevo y sentirse libre.

Con el tiempo, cesará esa sensación de desazón por no poder borrar de tu memoria unas sensaciones que fueron únicas y primeras, y te pondrás de puntillas, cogerás el mismo libro y recordarás frases y emociones, saboreándolas en la punta de tu lengua cerebral con una sonrisa que delate que jamás lo olvidarás...


(una vez, un doctor en filología un poco excéntrico y con las pintas de Einstein me dijo que leer es lo único que nos salvará en este mundo, quién sabe...)